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Radio ECCA 40 años de historias

INTRODUCCIÓN

Las historias de ECCA están hechas a partir de los hilos con los que se teje la vida humana. Para poder escribir estas páginas hemos necesitado que muchas personas volvieran los ojos al pasado y volcaran en palabras sus recuerdos. Han sido muchas y muchos; desde todos los puntos de lo que podríamos denominar la geografía de ECCA. El agradecimiento a su esfuerzo es el primer objetivo de estas páginas. Relatamos sus historias con el agradecimiento a cuanto hicieron y vivieron. Muchas cosas de las que hoy somos testigos son inexplicables sin su labor en ECCA.

Queremos agradecer la reunión, con café y galletas, que pudimos tener con Antonio Torres, Maru Albújar, Manolo Jiménez, Mary Sánchez y Carmelina Rodríguez en el despacho de la Dirección General de la Fundación ECCA. Fueron dos horas maravillosas. Nuestro agradecimiento es también para todas las personas al frente de las direcciones delegadas, que respondieron a las llamadas telefónicas con paciencia y buen ánimo y también a mil consultas a través del correo electrónico. Sin ellos y ellas, esto hubiera sido imposible. La labor de Zoila Marichal, en la Secretaría de Dirección, localizando personas, estableciendo contactos, ha sido imprescindible. Leonor Cazorla se zambulló en los archivos históricos de ECCA a la búsqueda de informaciones precisas. José Antonio González Dávila facilitó el trabajo con la información sobre la radio. Los compañeros y compañeras del equipo de dirección apoyaron, informaron, alentaron.

Especial debe, sin embargo, ser el agradecimiento para quienes se prestaron a leer el manuscrito y a hacer importantes sugerencias antes de su paso a imprenta: Antonio Torres, Maru Albujar, María del Carmen García, José Manuel Barroso, Mary Carmen Palmés, que aportó el conocimiento de quien asume la función de dirección actualmente, Juan Luis Veza y Luis Espina, que han colaborado desde la especial perspectiva del cargo de Dirección General que, en su día, desempeñaron.

Cuando tantos recuerdos han pasado al papel, lo han hecho con palabras llenas de vida. Por eso, las narraciones tienen esa pretensión novelada y, sin duda, una libertad que, seguramente, hará que algunas de las personas protagonistas nos tiren cariñosamente de las orejas. Quisiéramos pedirles perdón por las inexactitudes que aprecien. Del mismo modo, quisiéramos asegurarles que cada página ha sido escrita tras desnudar nuestros pies, siguiendo la vieja costumbre de las tradiciones religiosas orientales, que piden a las personas creyentes pisar descalzas la tierra sagrada. Quienes hemos tenido la responsabilidad de hacer estos papeles nos sentimos en tierra sagrada cuando contamos cómo nació esta Casa, cómo la soñaron y la edificaron quienes nos precedieron en las funciones que ahora desempeñamos.

En estos cuarenta años, los cambios han sido muchos. Se ha transformado la sociedad a la que seguimos hoy sirviendo. Han variado las preocupaciones y también los lenguajes. Entre estos cambios de lenguaje, hay uno que nos ha ido enseñando en las últimas décadas, a usar un modo de expresarnos que no excluya a las mujeres. Sin embargo, no siempre acertamos y, como comprobarán quienes nos lean, a veces, resulta compleja la acomodación a la época y se hace muy difícil esa intención que hoy es de justicia.

Muchas personas de las que ahora trabajamos en Radio ECCA no llevamos aquí cuarenta años. Hay quien llegó hace tres, dos, una década; hay quien llegó el pasado año. Sus nombres no aparecen en las narraciones que aquí se cuentan. Incluso, notarán, cuando nos lean, que lo contado en los últimos capítulos es más disperso y menos detallista. Como dice la cita bíblica, «no habría libros en el mundo que pudieran contener todas esas cosas» (Jn 21, 20). La densidad de toda esta vida actual, reciente, no se puede todavía plasmar en las páginas de un libro de historia. Sin embargo, la vida que aquí contamos es también la de quienes nos hemos subido a un tren en marcha y contemplamos paisajes nuevos de los que ahora nos sentimos muy responsables.

Acabaremos esta introducción trayendo a la memoria unos pocos nombres. Alfonso González y Fernando Marrero formaron parte del grupo de los primeros maestros y maestras de la «emisora que enseña». Fallecieron hace unos años. Nuestro recuerdo, nuestra memoria agradecida. Ojalá se sientan a gusto con los relatos que ustedes tienen ahora en la mano.

Otros compañeros y compañeras han fallecido tras su paso por ECCA. Aunque no vamos a citar todos sus nombres, sí queremos representarlos a todos y todas tras la imagen grande, honesta y bondadosa de Rafael Arrocha, que también fue director de Radio ECCA y cuyo recuerdo pervive en la Casa.

Francisco Villén Lucena fue, sin duda, un hombre genial. Sospechamos, sin embargo, que a él le parecería una definición insuficiente y que no haría justicia a la realidad. Villén tenía fe en el Sagrado Corazón de Jesús. Estaba convencido de que su misterio de amor llevaba adelante cada una de las historias de ECCA. Sin duda, ese misterio de amor tiñe también las alegrías y las esperanzas, las tristezas y los infortunios de quienes hoy trabajamos en ECCA al servicio de las personas adultas que desean formarse.

Lucas López


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