INTRODUCCIÓN
Las historias de ECCA están hechas a partir de los hilos
con los que se teje la vida humana. Para poder escribir estas
páginas hemos necesitado que muchas personas volvieran
los ojos al pasado y volcaran en palabras sus recuerdos. Han sido
muchas y muchos; desde todos los puntos de lo que podríamos
denominar la geografía de ECCA. El agradecimiento a su
esfuerzo es el primer objetivo de estas páginas. Relatamos
sus historias con el agradecimiento a cuanto hicieron y vivieron.
Muchas cosas de las que hoy somos testigos son inexplicables sin
su labor en ECCA.
Queremos agradecer la reunión, con café y galletas,
que pudimos tener con Antonio Torres, Maru Albújar, Manolo
Jiménez, Mary Sánchez y Carmelina Rodríguez
en el despacho de la Dirección General de la Fundación
ECCA. Fueron dos horas maravillosas. Nuestro agradecimiento es
también para todas las personas al frente de las direcciones
delegadas, que respondieron a las llamadas telefónicas
con paciencia y buen ánimo y también a mil consultas
a través del correo electrónico. Sin ellos y ellas,
esto hubiera sido imposible. La labor de Zoila Marichal, en la
Secretaría de Dirección, localizando personas, estableciendo
contactos, ha sido imprescindible. Leonor Cazorla se zambulló
en los archivos históricos de ECCA a la búsqueda
de informaciones precisas. José Antonio González
Dávila facilitó el trabajo con la información
sobre la radio. Los compañeros y compañeras del
equipo de dirección apoyaron, informaron, alentaron.
Especial debe, sin embargo, ser el agradecimiento para quienes
se prestaron a leer el manuscrito y a hacer importantes sugerencias
antes de su paso a imprenta: Antonio Torres, Maru Albujar, María
del Carmen García, José Manuel Barroso, Mary Carmen
Palmés, que aportó el conocimiento de quien asume
la función de dirección actualmente, Juan Luis Veza
y Luis Espina, que han colaborado desde la especial perspectiva
del cargo de Dirección General que, en su día, desempeñaron.
Cuando tantos recuerdos han pasado al papel, lo han hecho con
palabras llenas de vida. Por eso, las narraciones tienen esa pretensión
novelada y, sin duda, una libertad que, seguramente, hará
que algunas de las personas protagonistas nos tiren cariñosamente
de las orejas. Quisiéramos pedirles perdón por las
inexactitudes que aprecien. Del mismo modo, quisiéramos
asegurarles que cada página ha sido escrita tras desnudar
nuestros pies, siguiendo la vieja costumbre de las tradiciones
religiosas orientales, que piden a las personas creyentes pisar
descalzas la tierra sagrada. Quienes hemos tenido la responsabilidad
de hacer estos papeles nos sentimos en tierra sagrada cuando contamos
cómo nació esta Casa, cómo la soñaron
y la edificaron quienes nos precedieron en las funciones que ahora
desempeñamos.
En estos cuarenta años, los cambios han sido muchos. Se
ha transformado la sociedad a la que seguimos hoy sirviendo. Han
variado las preocupaciones y también los lenguajes. Entre
estos cambios de lenguaje, hay uno que nos ha ido enseñando
en las últimas décadas, a usar un modo de expresarnos
que no excluya a las mujeres. Sin embargo, no siempre acertamos
y, como comprobarán quienes nos lean, a veces, resulta
compleja la acomodación a la época y se hace muy
difícil esa intención que hoy es de justicia.
Muchas personas de las que ahora trabajamos en Radio ECCA no llevamos
aquí cuarenta años. Hay quien llegó hace
tres, dos, una década; hay quien llegó el pasado
año. Sus nombres no aparecen en las narraciones que aquí
se cuentan. Incluso, notarán, cuando nos lean, que lo contado
en los últimos capítulos es más disperso
y menos detallista. Como dice la cita bíblica, «no
habría libros en el mundo que pudieran contener todas esas
cosas» (Jn 21, 20). La densidad de toda esta vida actual,
reciente, no se puede todavía plasmar en las páginas
de un libro de historia. Sin embargo, la vida que aquí
contamos es también la de quienes nos hemos subido a un
tren en marcha y contemplamos paisajes nuevos de los que ahora
nos sentimos muy responsables.
Acabaremos esta introducción trayendo a la memoria unos
pocos nombres. Alfonso González y Fernando Marrero formaron
parte del grupo de los primeros maestros y maestras de la «emisora
que enseña». Fallecieron hace unos años. Nuestro
recuerdo, nuestra memoria agradecida. Ojalá se sientan
a gusto con los relatos que ustedes tienen ahora en la mano.
Otros compañeros y compañeras han fallecido tras
su paso por ECCA. Aunque no vamos a citar todos sus nombres, sí
queremos representarlos a todos y todas tras la imagen grande,
honesta y bondadosa de Rafael Arrocha, que también fue
director de Radio ECCA y cuyo recuerdo pervive en la Casa.
Francisco Villén Lucena fue, sin duda, un hombre genial.
Sospechamos, sin embargo, que a él le parecería
una definición insuficiente y que no haría justicia
a la realidad. Villén tenía fe en el Sagrado Corazón
de Jesús. Estaba convencido de que su misterio de amor
llevaba adelante cada una de las historias de ECCA. Sin duda,
ese misterio de amor tiñe también las alegrías
y las esperanzas, las tristezas y los infortunios de quienes hoy
trabajamos en ECCA al servicio de las personas adultas que desean
formarse.
Lucas López