Los cambios experimentados en los últimos años por la sociedad y el propio
sistema educativo han influido sin duda en el trabajo de los y las docentes,
quienes han visto en parte modificadas sus tareas con la consecuente necesidad
de abordarlas con unas habilidades profesionales más amplias.
Y es que en ésta, nuestra sociedad, inmersa en procesos de globalización
a la par que en unos cambios educativos, reclama una formación permanente
que ayude a los y las docentes no sólo a responder a las demandas y necesidades
actuales de nuestro contexto sino también una formación que facilite reflexionar
sobre su práctica, que ayude a saber enfrentarse a situaciones muy diversas,
así como, a saber reaccionar y dar soluciones con fundamento racional.
Los nuevos desafíos de la sociedad contemporánea exigen de una formación
permanente del profesorado, como instrumento fundamental al servicio de
la calidad educativa. Reto que supone posibilidades.
Consideramos que la formación del profesorado es un aspecto esencial si
pretendemos la deseada calidad de la escuela. Por ello se necesita de una
formación que sepa oír al profesorado y suministrar una oferta acorde con
sus expectativas profesionales; una formación abierta a las demandas sociales
y por tanto, permeable a la sociedad.