La finalidad general de este curso es formar al
profesorado para que pueda organizar de un modo diferente la vida
en las aulas, en consonancia con los cambios en la concepción
del trabajo escolar que se derivan de la incorporación
de las competencias básicas a la enseñanza obligatoria.
Pues bien, antes de dirigir nuestra atención a la vida
en las aulas- algo que haremos en los tres bloques restantes del
curso- en el primer bloque hemos querido perfilar con claridad
el marco institucional en el que se desarrolla el trabajo del
profesorado, de las familias y del alumnado, así como las
consecuencias prácticas de las competencias básicas.
Una vez expuestas las diferencias entre el trabajo escolar del
profesorado y el alumnado, como consecuencia de la incorporación
de un nuevo tipo de aprendizaje a la enseñanza obligatoria
(las competencias básicas), en el segundo bloque del curso
vamos a centrar nuestra atención en una de las dimensiones
más importante del trabajo escolar: la construcción
del currículo real en las aulas y fuera de ellas.
El quehacer educativo, entendido como la realización de
una estructura de tareas que genera el currículo, se desarrolla
siempre en la urdimbre de relaciones entre sujetos y agentes educativos
que condicionan en gran medida el aprendizaje. Estas relaciones,
para ser educativas, deben ser, ante todo, relaciones moralmente
fundamentadas. De este modo, conviene tener siempre presente,
que el quehacer educativo, o lo que es lo mismo, la transformación
del conocimiento y de las condiciones necesarias para su conversión
en desarrollo humano, no es sólo una acción instrumental,
sino que es también una acción moral basada en el
respeto a la dignidad de las personas y en el desarrollo de su
autonomía. Por eso, en el tercer bloque del curso vamos
a centrar nuestra atención en la otra cara del quehacer
educativo: las relaciones educativas. Nuestra intención
es presentar algunas claves para que la relación educativa,
aunque éticamente fundamentada, sea una relación
orientada al entendimiento entre los distintos sujetos. Presentaremos
algunas estrategias e instrumentos para fortalecer la relación
educativa y orientarla en la dirección apropiada.
En el cuarto bloque del curso vamos a poner de manifiesto que
esas relaciones se manifiestan en distintos escenarios o entornos
educativos. Así pues, los factores que generan las experiencias
educativas que una persona necesita para alcanzar un determinado
tipo de aprendizajes son tres: las tareas, las relaciones y los
escenarios. Esto significa que el ambiente debe ser considerado
como un agente educativo, junto a las tareas que se propone a
cada estudiante y el tipo de relación que el alumnado mantiene
con sus compañeros y con el profesorado.
Admitida esta triple fuente de influencias educativas, cualquier
intento de crear las condiciones para que una persona aprenda
un determinado tipo de aprendizaje se convierte en un problema
relativamente simple: ¿cómo lograr que las tres
fuentes de influencia (tareas, relaciones y ambiente) armonicen
sus efectos y se puedan orientar en la misma dirección?
|