
Vivimos tiempos de cambio acelerado, de mutación de un modelo de sociedad
claramente definible hacia otro incierto donde las máquinas digitales para
la información y comunicación, en sus múltiples formas (computadoras personales,
teléfonos móviles, DVD, Internet, etc.), han pasado a ser parte imprescindible
de nuestra vida cotidiana. Hoy en día cualquier empresa privada, institución
gubernamental, organización o grupo social precisa de las tecnologías de
la información y comunicación para desarrollar su actividad. Sin las mismas
no se podría acceder a información valiosa para poder actuar, ni tampoco
se podría difundir y dar a conocer la información que se produce. Como indica
el sociólogo M. Castells, "la información se ha convertido en la materia
prima de la economía de nuestro tiempo". Por todo ello, muchos/as expertos/as
empiezan a denominar a nuestro presente como una "sociedad informacional"
ya que vivimos inmersos/as en un ecosistema cultural en el que la información
fluye, se crea, se transmite y se consume a través de una variedad de artilugios
informáticos.
Una de las consecuencias más destacables de este nuevo ecosistema económico,
social y cultural basado en la producción y consumo de información es que
aquellos grupos sociales e individuos que no estén formados adecuadamente
para enfrentarse al uso inteligente de la información a través de tecnologías
digitales, tenderán a quedar excluidos de los beneficios de la sociedad
informacional. Dicho de otro modo, uno de los efectos perversos de la expansión
de las tecnologías de la información es que aquellos sujetos que por distintos
motivos no puedan acceder a ellas estarán en situación de mayor vulnerabilidad,
bien sea para acceder a un puesto de trabajo, bien para su promoción social,
bien para el disfrute y obtención de conocimiento y formación.
Por todo ello, la incorporación de las TIC (Tecnologías de la Información
y Comunicación) al sistema escolar, a la educación a distancia y a la educación
no formal es un problema urgente de cualquier política educativa que busque
ofrecer igualdad de oportunidades a la ciudadanía y prepararla para los
retos y desafíos tanto económicos como culturales de los próximos años.
La incorporación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación
(ordenadores personales multimedia, Internet, videoconferencia, sistemas
de telefonía móvil, etc.) a la realidad de las aulas es, desde hace algunos
años, uno de los temas preferenciales de interés de todos los sectores sociales,
instituciones y agentes relacionados con la educación: la Administración,
los/as expertos/as e investigadores/as psicopedagógicos/as, el mundo empresarial,
el profesorado, ... Ciertamente no podía ser de otro modo: las nuevas tecnologías
de un modo u otro cada vez están más presentes en nuestra vida cotidiana
y el desenvolvimiento tanto laboral como de ocio de una persona pasa, de
una forma aceleradamente creciente, por el contacto con estas nuevas tecnologías.
En este proceso de integración y uso pedagógico de las TIC el profesorado
juega un papel sustantivo y determinante. La mera dotación de recursos y
máquinas digitales a los centros educativos no genera innovación y mejora
pedagógica. Transformar las prácticas de los y las docentes, cambiar los
métodos de enseñanza, reorganizar los espacios y tiempos escolares, redefinir
el rol del/a docente y del alumnado, las metas y contenidos educativos,
planificar e implementar tareas académicas que fomenten el aprendizaje constructivo
del conocimiento, entre otras, son innovaciones que deben acompañar y plantearse
conjuntamente con cualquier propuesta de incorporación y uso pedagógico
de los ordenadores en las escuelas. Por ello, la formación del profesorado
ante todos los retos que implican enseñar con tecnologías digitales es una
necesidad urgente.