
La cuestión central de este curso, aquélla sobre la que giran todas las ideas, es la siguiente: ¿cómo mejorar la calidad educativa? Pues bien, esta cuestión, como tendremos ocasión de demostrar, depende en gran medida de una doble articulación:
Articulación 1: combinar adecuadamente la calidad de la educación con la
calidad de la escolarización y con la calidad de la enseñanza.
Articulación 2: combinar adecuadamente las reformas en el sistema con las
mejoras introducidas en la enseñaza, para ampliar y hacer efectivo el derecho
a la educación.
Esta doble articulación se verá favorecida, a nuestro juicio, por un enfoque
comprensivo del cambio educativo. Esto es un enfoque que permita a los educadores
y las educadoras comprender mejor la realidad educativa contribuyendo a
su transformación. La elección de este enfoque obedece a una sencilla razón:
estamos convencidos, como lo están muchas otras personas, de que la transformación
de la realidad sólo puede realizarse mejorando, a la vez, el desarrollo
profesional de los educadores y las educadoras.
Al proponer un modo comprensivo de aproximación a la mejora quisiéramos evitar que, en esta ocasión como en tantas otras, una división tradicional del saber y del trabajo privara a los y las docentes de una oportunidad más para contribuir activamente, no sólo a la mejora de la escuela, sino al desarrollo del saber educativo.
"Para los maestros del hombre, aunque trabajen en escuelas, el
sentirse frustrados en la búsqueda por el significado de las circunstancias
bajo las cuales trabajan es una ironía demasiado mostruosa como para que
se tolere. Tal vez la enseñanza, más que cualquier otra vocación, debe permitir
y fomentar la búsqueda del significado más allá de cualquier capacidad actual
para comprender."
(Schaefer, 1978:90)
Tal y como lo vemos nosotros, cualquier cambio, para que pueda ser considerado una mejora, sólo puede sostenerse si está basado en una comprensión adecuada de los profesores y las profesoras tanto de las razones que justifican tal cambio, como de los efectos que estos cambios pueden producir. Esta visión es, sustancialmente, la misma que Sthenhouse (1984), entre otros, propuso para abordar los problemas del currículo y que ahora nosotros queremos hacer extensiva a la mejora de la calidad educativa.
En todos los casos, dado que la mejora implica cambios, resulta esencial
comprender el cambio para tener éxito en la mejora.
"Entender el cambio es concebir la innovación más como un estado
mental o actitud que como una acción frenética. No consiste tanto en estrategias
como en convertir algo en estratégico."
(Fulla, 2002 a: 45)